EL CAZADOR CAZADO

 Silvio Berlusconi

Hijo de un directivo bancario de clase media, estudió en el Liceo Classico de San Ambroglio y en la Universidad de Milán, por la que se licenció en Derecho en 1961 con una tesis sobre la publicidad. Su habilidad para los negocios se remonta a la infancia, cuando vendía apuntes escolares a sus compañeros de aula. A los 18 años ganó su primer capital significativo como animador musical y cantante melódico en cruceros por el Mediterráneo. Con 23 años, mientras estudiaba en la universidad, puso en marcha su primera firma constructora, primer jalón de una brillante carrera empresarial.

  


 En 1985 el Gobierno francés le concedió la primera cadena privada de ese país, La Cinq, y adquirió acciones de Chain y Cinema 5. Un año después compró los Estudios Roma y el club de fútbol A.C. Milán, del que se convirtió en presidente, y en 1988 se apropió de la mayor cadena de grandes almacenes de Italia, La Standa. Culminado su emporio mediático, el 26 de enero de 1990 obtuvo la presidencia del grupo Mondadori, editor del periódico La Repubblica y de los semanarios L´Expresso, Epoca y Panorama. Para finales de la década, cuando Berlusconi incorporó a su patrimonio la cadena de tiendas de vídeo Blockbuster, portales de acceso a Internet y una participación en Olivetti, Mondadori controlaba un tercio del sector editorial en Italia.

El conglomerado Fininvest, que creó en 1975, cumplió la función de integrar sus múltiples propiedades y participaciones en televisión, prensa, edición, publicidad, seguros y servicios financieros, convirtiéndose en la tercera empresa privada del país. Para 1989 las televisiones de Fininvest concentraban, en horario de prime time, el 45% de la audiencia y el 60% de los ingresos por publicidad.

A comienzos de los años noventa su patrimonio personal se estimó en superior a los 6.000 millones de dólares, colocándose como el hombre más rico de Italia. (Actualmente a junio de 2006 ocupa el lugar 37 de las listas de Forbes).   Aparte sus estrechas relaciones con el PSI (Partido Socialista Italiano), sobre Berlusconi se conjeturaron otros contactos con poderosas esferas no gubernamentales. Hasta su entrada en política no fueron publicados datos sobre su posible pertenencia a la logia masónica P2.

Salto a la política y conquista del poder
Largamente tentado a entrar en la política, el magnate de la comunicación fundó el partido Forza Italia (FI) en diciembre de 1993 y el 26 de enero de 1994 anunció su entrada oficial en la contienda preelectoral con una espectacular puesta en escena, arropada por sus televisiones y concebida por su agencia Publitalia como un producto de la mercadotecnia.

El programa de FI, que Berlusconi promocionó con las dotes de un avezado showman, se basaba en la defensa a ultranza de las libertades personales y económicas y de los valores tradicionales, la reducción del paro y el déficit público ("hay que administrar al Estado como se administra una empresa o una familia"), la creación de empleo y la lucha contra la Mafia y la corrupción, frente a la que se presentó como el único líder limpio y capaz de regenerar el sistema político, diezmado por los procesos anticorrupción.

Aderezó su discurso con apocalípticas advertencias contra un gobierno dominado por los ex comunistas ("si vence la izquierda volverá el estalinismo") y, como resumen de todos sus compromisos, prometió un "nuevo milagro económico italiano". De entrada, estos mensajes resultaban atractivos para el pequeño y medio empresario y los profesionales liberales, afectados por la conflictividad laboral y la presión fiscal, respectivamente.

El mensaje del conocido como Il Cavaliere, escaso en contenidos y con una elevada carga demagógica y mediática, sedujo al electorado.
 


Pero paralelamente a su actividad política, el ex primer ministro ha venido protagonizando estos años múltiples procesos judiciales.

La Habilidad para escaparse de los tribunales.


Los problemas de Berlusconi con la justicia de su país no son nuevos y se remontan a 1979, cuando recibió su primera condena, nunca cumplida y finalmente condonada en aplicación de una ley de amnistía dictada en 1990 por el Gobierno de Giulio Andreotti. En este caso, dado la lentitud de la maquinaria judicial italiana, el delito prescribió antes de que llegase la sentencia definitiva del Tribunal de Apelaciones. Similares circunstancias siguieron a otra condena por fraude en diciembre de 1987.

En 1984 el primer ministro Bettino Craxi revocó una orden de un tribunal que prohibía emitir a las televisiones de Berlusconi por considerar que violaban la ley. Una actuación del dirigente socialista a la que algunos hicieron remontar la gratitud del empresario expresada cuando salió en defensa del político caído.

El 20 de mayo de 1995 la Fiscalía de Milán acusó formalmente a Berlusconi de cohecho, por el presunto pago de comisiones ilegales a la Guardia de Finanzas para evitar controles fiscales a sus empresas, y el juicio correspondiente comenzó en Milán el 17 de enero de 1996. El 3 de diciembre de 1997 la Fiscalía milanesa condenó a Berlusconi en primera instancia a 16 meses de prisión más una multa de 50 millones de liras por el delito de contabilidad fraudulenta en la compra por Reteitalia, perteneciente a Fininvest, de la productora y distribuidora cinematográfica Medusa.

El 9 de mayo de 1998 esta oficina dictó sendos autos de procesamiento contra Berlusconi por dos casos de corrupción relacionados con la editorial Mondadori y la empresa de alimentación SME, y el 7 de julio siguiente el proceso abierto en 1995 concluyó con otra condena a dos años y nueve meses de reclusión. Una tercera sentencia, el 13 de julio, a los dos años exactos de iniciarse el caso, le condenó a dos años y cuatro meses más una multa de 10.000 millones de liras por la financiación ilegal del PSI en 1991 a través de la sociedad All Iberian, ligada a Fininvest. Berlusconi no pisó la cárcel en ninguno de los casos al presentar sendos recursos y quedar las sentencias en suspenso, dado que las penas de prisión eran inferiores a tres años.

El 9 de febrero de 2000 el Tribunal de Apelación de Milán le absolvió del delito de fraude sentenciado en 1997 y el 9 de mayo hizo lo propio con la condena de 1998 por el caso del soborno a la Guardia de Finanzas. En su quinta victoria judicial, el 19 de junio siguiente quedó exonerado también de la acusación de soborno a un magistrado con el objeto de obtener un arbitraje favorable a los intereses del grupo Mondadori en 1991.

Esto redujo a dos, tras haber tenido hasta ocho, los procesos judiciales abiertos en Italia, que tampoco eran ya los más amenazantes. Todos los anteriores se cerraron, bien por prescripción del delito, bien por valoración más benigna en segunda instancia de las pruebas acusatorias. El afectado siempre ha trasladado sus tribulaciones sumariales al terreno de la persecución y el complot políticos, a cargo de unos jueces que obrarían por inquina personal o por connivencia con las fuerzas de la izquierda.

Por otro lado, el 21 de junio de 2000 el juez español Baltasar Garzón, el mismo que solicitó a Gran Bretaña la extradición del ex dictador chileno Augusto Pinochet, solicitó al Parlamento Europeo el levantamiento de la inmunidad de Berlusconi para procesarle por unos delitos de falsedad documental y fraude fiscal, presuntamente cometidos entre 1990 y 1993 para ocultar la participación de Fininviest en el accionariado de la empresa española Gestevisión-Telecinco, de la que Berlusconi era entonces vicepresidente, por encima del límite legal del 25%.



Gran victoria electoral y retorno al poder en 2001
 

Berlusconi debido a las críticas de conflicto de intereses, se apresuró a anunciar la venta de sus propiedades y participaciones empresariales antes de ganar un mandato ejecutivo. La cuestión se avivó cuando prestigiosas cabeceras de la prensa económica occidental , como The Economist, The Herald Tribune y Financial Times, opinaron sobre la "anomalía" italiana que permitía a la principal fortuna privada del país llegar al Gobierno, y valoraron como doblemente "inadecuada" la candidatura del magnate por su conflicto de intereses y sus problemas con la justicia.

Berlusconi habló de ceder sus acciones en Mediaset, en una sociedad que se crearía a tal efecto, a sus hijos (cinco, dos de su primer matrimonio y tres del segundo) y a un grupo de empresarios aliados encabezados por el magnate de la prensa Rupert Murdoch, pero sólo después de ganar las elecciones, a menos que se detectara una caída en las encuestas ligada a este punto. El equipo del candidato reconocía la dificultad que representaba compatibilizar sin menoscabos los perfiles de empresario y de político para el hombre que la revista Forbes situaba como el decimoquinto más adinerado del mundo.

 

Su Lema: Empresa privada como generadora de empleo
 
Sobre las pensiones (caballo de batalla de las movilizaciones sindicales de 1994 contra su Gobierno) Berlusconi apuntó sin más precisiones a una elevación del mínimo a percibir. Temas como la inmigración, la protección medioambiental o la UE quedaron relegados en la presentación de propuestas. El capítulo laboral sí mereció mayor extensión, con una apuesta exclusiva por la empresa privada como generadora de empleo. El Estado incentivaría la contratación de trabajadores combinando descargas fiscales a las empresas familiares, ayudas directas a los patronos y mayor flexibilidad legal con nuevos tipos de contratos.

Como escenificación de estos compromisos, Berlusconi presentó y firmó en televisión un "contrato con los italianos" que de alguna manera ligaba su suerte política al cumplimiento del grueso de los puntos arriba citados. Seguro de su victoria, prometió sacar adelante una "revolución" en la estructura del Estado y hacer de su gobierno "una máquina eficiente" durante los cinco años de una legislatura que, estaba convencido, iba a agotar sin crisis ni convulsiones, por lo demás, algo inédito en la historia reciente de Italia.

Si bien El Olivo había dejado un panorama económico positivo y con Rutelli había escorado su discurso al centrismo y a la moderación en todos los aspectos, la imagen de un centro-izquierda poco estructurado y rehén de los pequeños partidos que tenían la llave de la mayoría parlamentaria, más las habilidades mediáticas de Berlusconi, jugaron en favor de un vuelco político espectacular el 13 de mayo de 2001, iniciando así un periodo de estabilidad.

 

 

El Cazador Cazado.

 Berlusconi, es ese tipo de personajes y lideres  que se hacen ricos para ser populares, admirados y odiados a partes iguales, pero reconocidos y odiados, eso es lo que les alimenta el ego. De esa manera un hombre dominado por pos sus pasiones llego a al limite de su arrogancia gracias a sus carácter pendenciero, bufonesco y arrogante, y a sus continuas bravatas, la última de las cuales fue tachar de “pendejos” en plena campaña electoral a aquellos que no votaran por él, hicieron que fuera desalojado del poder por sus compatriotas, eso sí, únicamente por 30,000 votos.  Pero el fue quien hizo esa ley trampa que premiaba con la mayoría absoluta en el parlamento al ganador de los comicios; claro que con su infinito ego, él nunca pensó que en su pais hubiera tantos “pendejos” dispuestos a no darles sus apoyos.

 A sus 70 años, Il Cavaliero tiene las energías de antaño para aguantar una legislatura entera en la oposición. 

 

1.- ¿Cual será su estrategia para el quinquenio que apenas empieza?

2.- ¿Le llegara el momento de rendir cuentas a la justicia por todos los procesos burlados?

3.- ¿Sus predecesores serán tan piadosos con el como el lo fue con los suyos?

 

Pronto sabremos cual es el destino de este hombre prototipo de esta era de reducción del control gubernamental y libertades empresariales, de típico personaje de nuestros días, de quienes detentan el poder del dinero y la política en un contubernio para limitar las posibilidades de otros para competir y triunfar.  Será que estamos viendo muchos casos similares al de  Berlusconi en nuestro país?

  

     DonGabo