EL "HÁMSTER EMPRESARIAL"

 

 

 

La carrera sin fin.

Estamos cansados

No se animan a reconocerlo, pero los ejecutivos trabajan cada vez más horas. Las presiones y los miedos que los suben a la noria del siglo XXI.

Expansión.

Estaba en lo alto pero en abril de 2005 decidió brincar. Julio Huacuja era el director comercial de Tyco Healthcare México, firma que tiene 38,000 empleados y ventas por 9,000 MDD a nivel mundial. Esa posición coronaba el paso por Kodak, una esforzada carrera e interminables viajes para el fabricante de maquinaria hospitalaria Baxter, que despidió a tantos de sus colegas. Cuando cumplió 37 años le pesó estar ausente en la vida de sus dos hijos. La llegada a México de nuevos competidores en 2000 llevó sus jornadas diarias a 14 horas y en ocasiones hasta más.

“Para llegar a los números teníamos que competir con seis compañías más, y yo quería llegar a mi bono”, dice. Julio ya no hacía deporte y cargaba consigo una bolsita con cinco medicamentos para remediar ahora la temblorina, la gastritis, los dolores de cabeza y el palpitar inquietísimo de un ojo. No imaginó plantear: quiero tener más tiempo de vida personal. En México, hablar de esta inquietud en el trabajo es de tan mal gusto como traer a colación al sexo en la merienda familiar. Además sería como decir a los demás ¡Vengan, tomen mi puesto! Y la reacción sería fulminante. Tache para la evaluación anual de desempeño; no tiene puesta la camiseta; no es leal.

“Ese tema es un tabú”, explica Pablo Francis, socio consultor de Amrop Internacional, una cazadora de talentos. Él nunca ha escuchado que un ejecutivo aborde el tema de balance de vida y trabajo en su empleo, o que lo ponga sobre la mesa cuando está ante el ofrecimiento de una nueva posición. “¡Sería pésimamente visto!”. En contraste, es la explicación que más escucha cuando exponen los motivos de su renuncia.

El tema siempre se asoma, pero en casa y con los amigos, confiesa Huacuja. Una prueba es que la mayoría de los ejecutivos con los que habló Expansión solicitaron el anonimato. Sólo aquellos que abandonaron su carrera para recuperar su vida personal aceptaron que se les citara con nombre y apellido.

Las jornadas largas y el estrés aumentaron en esta década para muchos otros en el mundo corporativo. La competencia global, las fusiones y los recortes que se vivieron a partir de 2000 en sectores como el financiero, el de telecomunicaciones o el manufacturero, han hecho que hombres y mujeres con cargos operativos y ejecutivos pasen hasta 60 y 70 horas a la semana en la oficina, en lugar de las 48 promedio que trabajan los demás mexicanos. Así lo estima una decena de directivos y consultores en recursos humanos de grandes empresas y headhunters. Eso, sin contar esas sesiones furtivas con la computadora portátil en casa o la atención a la blackberry y al celular.

“¡Los ejecutivos son la nueva clase obrera!”, dice entre risas Jesús González de la Rosa, director de Productivity Systems, una consultora en competitividad de Guadalajara. “Antes era algo que hacía el de finanzas, el de mercadotecnia o el contador y en ciertas compañías. Pero es algo que se ha colectivizado. Comenzó en 1998, pero se da con más fuerza desde 2000”. Solía ser algo exclusivo de las firmas de consultoría y publicidad, de los operadores de mercados financieros y de fondos de inversión, posiciones en las que lo que llega al bolsillo depende del número de tratos y sus correspondientes comisiones, pero ya alcanza a las empresas tequileras en Jalisco, a la metalúrgica, a las cementeras, las mineras y a la industria de tecnología. Esta situación hace mucho que ocurre en otras regiones del mundo, pero la tendencia tuvo más amortiguadores en países con menos incertidumbres laborales.

En EU el lunch todavía es tan sagrado como el sueño. Los empleados van a su trabajo a trabajar y las compañías y el gobierno celan el horario de ‘nueve a cinco’ y la cena en casa. Los europeos tienen políticas de flexibilidad extendidas y una generosa dosis de vacaciones, que toman sin remordimientos. En esos países sí se habla ya de que las firmas deben flexibilizar el trabajo para hacerlo compatible con la trayectoria de vida de su personal.

Los mexicanos, en cambio, ya pasaban largas jornadas en la compañía antes de las recientes fusiones o de las amenazas de despido. Antes que la llegada de los ejecutivos inmigrantes, la tecnología portátil o la competencia global se lo demandaran. “Y si me preguntas cuántas de las veces que te quedaste tarde fueron necesarias, te diría que muy pocas”, asegura Julio Huacuja.

Pero , ¿sirve de algo?


México aparece cada año como uno de los países que más horas trabaja, de entre los 30 miembros de la OCDE (en 2005 apareció en el sitio número siete). También destaca como el segundo menos productivo por hora trabajada después de Turquía, revela el documento International Comparisons of Labour Productivity Levels, que indica que el mexicano promedio pasa 1.3% más horas en el empleo que el estadounidense, pero su aporte al PIB por hora trabajada equivale a 30% del de EU. “La jornada laboral es larga, pero no productiva. Depende de las fuentes, pero se estima que en México la gente trabaja 60% de la jornada laboral como tiempo real”, menciona Luis Arciniega, académico del ITAM.

¿Las razones? En parte, una pobre administración personal del tiempo, dice Bruno Cattori, director general de Mercedes-Benz y Smart. Esto se combina con la afición por los ratos de charla con los compañeros de trabajo y una falta de celo por la vida personal, coinciden los entrevistados. “El aprovechamiento del tiempo en Europa y EU es diferente. El trabajo es muy intenso. Llegan puntuales a las reuniones, se concentran en ellas, y toman el tiempo justo para comer”, agrega Cattori.

Arciniega pone como un ejemplo a la zona de corporativos de la capital, en Santa Fe, que asegura, consiguió sus más altos niveles de productividad hace una década, cuando no había cafés ni restaurantes cerca, y las compañías bajaban el interruptor de la luz a las 18 horas para hacer salir a borbotones a los empleados. “Santa Fe fue infinitamente más productiva que las demás oficinas de las mismas compañías en la ciudad con esa jornada compacta”, sostiene el investigador. Ahora las luces están encendidas hasta pasadas las 21 horas. Starbucks decidió recientemente adelantar de las 7 a las 6 de la mañana la apertura de sus cafeterías y el Sport City a las 5:30 para atender a ejecutivos que ya, por esas horas, se aproximan a las oficinas.

Pero también lo explica esa costumbre enquistada en las empresas y entre colegas, de premiar las horas de escritorio antes que los resultados, apuntan los especialistas en recursos humanos. “Un jefe dirá que estás comprometido si te vas tarde. A las compañías les cuesta separar productividad y compromiso”, apunta Yanis Raptis, director general de Right Management, una empresa de Manpower.

 

Ana Velásquez, consultora de Mercer Human Resources, ha tenido en sus manos los formatos de la evaluación del desempeño de muchas empresas y constata que a menudo incluyen un espacio para anotar el número de horas que el ejecutivo añade a su jornada normal. “(Lo hace) 50% de las compañías, aunque sea de manera informal, pero lo toman en cuenta”, afirma. Es decir, las horas mesa se valoran más allá de la rentabilidad.

A todo esto se suma la presión del grupo, difícil de evadir. “Hay un chiste de pasillo que oyes si alguien se va a las 19 horas: ‘¡Qué! ¿Te vas a tomar la tarde?’ Ese pier pressure (presión de los colegas) pesa mucho. No nos atrevemos a cuestionar esas cosas”, describe Carlos Dieguez Torrado, un ejecutivo que en sus 11 años en el mundo corporativo llegó a trabajar hasta 16 horas diarias siete días a la semana.

Él estuvo en Telefónica Autrey, Casa Autrey y fue director de Nuevos Negocios de Satmex hasta fines de 2002. Trabajó con entusiasmo, incluso aquel año que, por la empresa, viajó el equivalente a dar 5.5 vueltas al globo. Sin embargo, un día le pesó la falta de tiempo para sí. Como Julio, renunció a un buen sueldo. Vació su departamento de Tecamachalco y pasó el siguiente año y medio brincando por placer entre continentes. Ahora, a los 37 años, viste huaraches y bermudas en su propia importadora de bikinis de Brasil. Trabaja mucho (“a veces más que en Satmex”), pero defiende su tiempo para los amigos y sus sesiones de yoga cuatro veces a la semana.

“Creo que las cosas se podrían organizar, pero no lo hacemos en el mundo corporativo porque creemos que todo mundo está disponible y que el trabajo es lo primero y lo único”.  Claro, el sacrificio de tiempo personal no ha venido sin recompensa. Las consultoras revelan que los mexicanos con cargos medios y altos están entre los mejor pagados de Latinoamérica. “Los ejecutivos en forma acumulada en los últimos seis años han elevado su nivel de compensación por arriba de la inflación en forma notoria (tres o cuatro veces arriba)”, por encima de los demás empleados”, revela Jesús González de la Rosa.

 

 

Ansiedad, insomnio, palpitaciones


El trabajar tantas horas cobra factura. Los cardiólogos han visto crecer el número de treintañeros en su consulta. No hay estadísticas –eso violaría el tabú– , pero especialistas de varias disciplinas informan que atienden a muchos padecimientos ligados a la fatiga o al estrés.

“Lo veo todos los días en el trabajo”, cuenta Gabriel Rodríguez Weber, director de Medicina Preventiva del Hospital ABC Santa Fe. Unas 500 personas asisten cada semana a su chequeo médico anual (y muchos son ejecutivos). “Al menos la mitad reporta problemas que, en el fondo, están relacionados con la tensión. Llegan con síntomas de ansiedad, insomnio, cambios en los hábitos de evacuación; palpitaciones, temblores y sudores. Dolores difusos. No sabe la cantidad de pacientes que estamos viendo con disminuido deseo sexual”. El ABC tiene previsto abrir próximamente un centro para el manejo del estrés.

“Tienes que decidir: ¿Quieres el éxito o quieres otra cosa?”, cuestiona tajante Bruno Cattori, de Mercedes-Benz y Smart.  Él comienza el día en el gimnasio, trabaja 12 horas, llega a casa minutos antes de que sus dos hijas duerman, pero es un ejecutivo conforme con su fórmula de vida. Aún así, confiesa con nostalgia que lee el periódico hasta la noche, cuando su chofer lo lleva y hace mucho no hunde sus ojos en un libro.

 

“Tú decides si comprarlo y subirte al barco”, comenta Teresa Garza, la directora de los 4,500 recursos humanos de Iusacell, una empresa de Grupo Salinas (que, por cierto, tiene fama entre ejecutivos por sus largas jornadas). “Yo siempre he sido una matada”. Un conocido suyo se refiere a ella como el excepcional caso de una feliz workaholic (adicta al trabajo). Tiene 40 años y un largo rosario de logros que le demandaron disponibilidad total y le costaron el tiempo de vida personal. Tiene una casa con vista a Chipinque en Monterrey, para cuando decida retirarse. Pero no es algo que tenga en mente todavía. Lo que desea es crecer aún más en Grupo Salinas y encontrar pareja. “Eso sí, si me llego a casar por supuesto que voy a querer salir a las 9 de la noche, y mi marido tendría que salir a esa misma hora, porque si no, ¡se pondría histérico!”. Esta hija de mineros de Coahuila dice segura: “No cambio nada por la realización que me da estar aquí. Me tocó un súper jefe y líder, y todos queremos matarnos por él”.

Con todo, la matemática y esa promesa del éxito apenas alivian a aquel que se siente un hámster en la rueda corporativa. Otros como Huacuja, no creen que deban ser cosas excluyentes. ¿Qué decides: comer o respirar?

Ahí está Sergio, un analista de riesgos de 27 años, papá de un niño de seis, que tiene un nivel pregerencial en un fondo de inversión extranjero. Él jamás diría en su trabajo que quiere salir a las 7 de la noche para ver a su hijo despierto. “Quisiera, pero no puedo; quizá por ambición”. Sergio pasa entre 14 y 16 horas en la oficina todos los días –sin incluir traslados–. Cierto, sus ausencias pagan una vida confortable, pero le inquieta constatar que para crecer en el mundo corporativo se perderá de algo más que el festival escolar del día de las Madres. Un viernes que salió temprano (20:30 horas) pasó largo rato con su amigo Isaac en un Starbucks y habló del tema en términos darwinianos, de supervivencia del más fuerte. “Tienes hasta los 35 años para que te escupa el sistema. Es una máquina: te agarra como analista de dos a cinco años, gerente de tres a cinco años. Si a los 32 no pasas la línea de la pobreza, ya te estancaste. A uno le venden la idea del gran mundo corporativo, el mejor pagado”, dice con desencanto, “pero el dinero tiene un precio. Y el precio es todo lo demás”.

En México no existen estudios acerca del impacto de las jornadas largas o el problema de balance de vida y trabajo, en la salud, la satisfacción en el empleo o la felicidad.

La academia sólo ha investigado el caso extremo del burnout, cuando la fatiga y el estrés provocan trastornos de personalidad y crisis graves de salud. Pero no lo han estudiado en compañías, sino a maestros, enfermeros y ¡odontólogos!

Alejandro Grifé dirige el área de Medicina Preventiva del Hospital Ángeles en Interlomas y atiende continuamente peticiones de empresas que piden pruebas de estrés para sus empleados. Cuando él los tiene frente al escritorio, les habla del Barón Dominique Jean Larre. Con unos trazos en papel les describe el Triage, el método que ese médico del ejército de Napoleón diseñó para decidir a qué heridos atender en la batalla.

Grifé conoce bien el estrés y el trabajo extenuante. Él tenía cargos directivos en hospitales y en la Cruz Roja cuando ocurrieron el terremoto y la explosión de San Juanico. Él considera que las empresas no eligen a empleados que pueden manejar la presión o que sepan organizar su tiempo. “Los ejecutivos no saben decidir lo prioritario: si la entrega del diploma del hijo o la junta de negocios con Panchito López. Y las compañías no los ayudan a hacerse de esas herramientas”.

La revista Fortune realizó una encuesta entre 500 altos ejecutivos: 84% desean una opción de trabajo que les permita seguir con su carrera y tener más tiempo para otras cosas y 55% esta dispuesto a sacrificar su ingreso. La mitad dudó acerca de si sus sacrificios para ascender en la carrera valían la pena.

Una encuesta que encargó la Secretaría del Trabajo el año pasado en población general, encontró que 70% querría jornadas más cortas para estar más tiempo con su familia y 75.6% estaba interesado en tener un horario flexible.

El oasis de Farma


La industria farmacéutica trasnacional (que no la nacional) es de las pocas en México que procura, en cierta medida, un balance de vida y trabajo para sus empleados, afirma Luis Arciniega, del ITAM. Es más, los trabajadores de este sector (el más representado entre Las mejores empresas para trabajar de Expansión) son los únicos que preguntan sin inhibiciones por la hora de salida en una entrevista de trabajo, afirman los cazadores de talento.

En las oficinas corporativas de Pfizer, en Santa Fe, los empleados pueden elegir entre una serie de horarios y salir a tiempo. Tienen servicio de tintorería y gimnasio; pueden hacer cita con un masajista, un nutriólogo o un psicólogo y elegir entre varios menús del comedor institucional. Las mujeres que acaban de tener un hijo tienen permiso de ausentarse un mes y medio adicionales a la incapacidad, y cuentan con acceso a un lactario.

Yo soy la dueña de la luz”, dice Mercedes Mantecón, la directora de Recursos Humanos del corporativo. En el edificio se apagan automáticamente las luces y ella lleva registro de los que piden permiso para quedarse. Mantecón revisa las listas de los desvelados reincidentes. “Nos interesa ver si alguien se queda porque tiene problemas de organización o si es porque tiene demasiada carga de trabajo”.

El ejemplo de las farmacéuticas se ha propagado a otros sectores. Manpower, por ejemplo, es candidata a ser nombrada una “Empresa Familiarmente Responsable” , una certificación que hacen en España y que quieren emprender el IPADE y el gobierno federal. Aún siendo directivo de la empresa, Adriana Cabrera tiene un horario de 9 a 14 horas que le permite hacerse cargo de sus dos hijos. “Ya no trabajo por tiempo, sino por resultados. Tengo que ser muy productiva”. Ella se mantiene en contacto, y tiene la disposición para encerrarse en la camioneta y sostener una conferencia telefónica por la tarde, mientras los chicos toman su clase de natación.

Pero, hay otras compañías que han sumado estas políticas de flexibilización y servicios, pero preservando también la cultura de jornadas largas. Octavio optó por un horario de 7 a 16 en una financiera de Polanco para entrenar para el triatlón, pero su jefe lo llama a juntas a las 18 horas. “Es horrible. Están orillándote a dar más y más horas. Además, ya comes, te boleas y haces ejercicio en la oficina. ¡Ya nunca salimos de ahí!”.

Y los que logran salir, a veces no se desconectan. Mantecón asesora a los ejecutivos de Pfizer para que aprendan a quitarse el chip. “¡Las esposas quieren tirar las blackberries por el escusado! En lugar de darles flexibilidad, la tecnología está haciendo que la gente trabaje las 24 horas y no tenga opción”. Ella quiere lograr que no envíen e-mails en fin de semana y está tentada a vídeo grabar las opiniones de los hijos sobre las interrupciones de la tecnología en su fin de semana familiar.

 

El hogar en crisis


Hacer compatibles vida y trabajo es más que eso. Nuria Chinchilla es profesora del Instituto de Estudios Superiores de la Empresa (IESE) de la Universidad de Navarra y se dedica a  estudiar y a proponer salidas a la tensión entre trabajo y vida personal. “En España hemos empezado a hablar de estos temas por muchas causas. Una de ellas es que cada vez hay menos niños. Porque pasamos tantas horas fuera, ya no hay tiempo para tener hijos ni para cuidarlos”.

En 1999, el Congreso español promulgó una ley sobre conciliación de la vida laboral y familiar. El eje es la flexibilización de horarios y del lugar de trabajo y una serie de facilidades para ejercer la maternidad y paternidad.  Chinchilla ofreció una conferencia en el IPADE en mayo y habló de la certificación de Empresa Familiarmente Responsable que pusieron en marcha en su país. Un sello con ese mismo nombre circula ya por la Secretaría Federal del Trabajo, que está por lanzar un programa similar. En junio entrenaban al cuerpo de ciudadanos que será el verificador y hacían pruebas piloto en 10 empresas. “Es como el ISO 9000 pero sobre flexibilidad en horarios y jornadas. Certifica la flexibilidad en las diferentes etapas de la vida (del empleado) y espacios de trabajo; los servicios de apoyo para el profesionista como la gestión del tiempo, apoyo psicológico, asesoría financiera y legal”, explica Chinchilla.

Cambiar la cultura laboral de México es una tarea gigantesca, afirma Yanis Raptis de Manpower. La presencia de la mujer en el mundo corporativo podría darle el impulso definitivo. “Es un tema que más y más estará en la mesa. Tiene que ver con las mujeres ejecutivas. Tenemos más claro que necesitamos un balance de vida que los hombres. Ellos lo toman como si fuera parte de su paquete”, opina Ana Velásquez de Mercer.

Raptis también aprecia que los jóvenes estén ahora menos dispuestos a sacrificar su vida personal como lo hicieron los ejecutivos que ahora tienen 30 años y más. En España pasó lo mismo. Hace cinco años, el dinero era el primer criterio que tomaba en cuenta un joven para decidir en qué empresa quería trabajar. “Ahora el primero es seguir aprendiendo para seguir siendo empleable, y al mismo nivel, la vida después del trabajo. Sólo en tercer lugar aparece el dinero”, asegura Nuria Chinchilla.

Un estudio realizado en 2005 por la Society for Human Resource Management acerca de la satisfacción en el trabajo entre empleados de EU encontró que 60% considera al tema de balance de vida/trabajo como algo “muy importante”. Los hombres lo tienen como el cuarto factor que más determina su satisfacción en el trabajo. Las mujeres lo pusieron en el primer lugar.

Hay quienes creen que es poco digno hablar de balance en un país pobre. “Nos estamos matando y apenas crecemos a 3%”, menciona un consultor. “Claro que cabe esta pregunta y no tenemos que ser primermundistas para que esto nos preocupe. El problema ya lo tenemos. Para que nos esperamos a que crezca”, batea Julio Huacuja.

autor: Alejandra Xanic

www.expansion.com.mx

 

 

 

 

 

    DonGabo