IGLESIA CATÓLICA, LA DUDA ??
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-- DESPIERTA LATINOAMERICA !!!!!!!
Existen muchas formas de eximir responsabilidades.
Nuestra sociedad occidental, católica, apostólica y
romana es rica en argumentos absolutorios. El mercado
ofrece amplia gama para tranquilizar la conciencia. Si
lo hace ante el confesor, el pecado se resuelve en el
bis a bis entre el sacerdote y el trasgresor. Se
absuelve al pecador por el rezo y la constricción.
Amparado en el secreto de confesión me acuso de matar:
cuatro padre nuestros y dos rosarios cantados; de
violar: tres ave maría y dos padre nuestros; de robar:
ayuno y rosario. Y a la semana siguiente, más de lo
mismo. Así se puede estar toda una vida matando,
violando o robando convencido, domingo a domingo, que
la absolución del sacerdote deja limpio de pecado y
purifica el alma. La defensa de la fe consiste en
mantener vivo este principio y no cuestionar su
existencia. Sobre todo en una sociedad capitalista
donde Iglesia y Estado comparten una teología política
sobre la cual construyen su poder omnímodo. Joseph
Ratzinger lo sabe, por eso persiguió durante 25 años,
como prefecto de la Congregación de la Fe, antigua
inquisición, a los teólogos reformadores más
destacados del siglo XX y calló ante el asesinato de
sacerdotes de la teología de la liberación.
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Mas la sociedad política exonera hoy el pasado secular
y la biografía ciudadana del nuevo papa. Ratzinger
forma parte de una institución, la Iglesia, en cuya
organización coexisten cardenales, obispos,
arzobispos, párrocos y cohabitan pederastas, nazis,
ladrones, corruptos, mafiosos, torturadores, asesinos,
anticomunistas, y algunos católicos honestos. Es una
institución cuyo poder se extiende a la sociedad civil
y donde la capacidad de controlar la vida después de
la muerte y la purificación del alma le otorga un plus
capaz de competir con el poder de cualquier empresa
transnacional. Sus mecanismos de presión son los
mismos que utiliza cualquier monopolio a la hora de
maximizar sus beneficios y de imponer sus dogmas. Poca
diferencia existe entre el FMI y el Vaticano.
Con motivo de la elección del nuevo director gerente
del consejo de administración de la Iglesia, emerge
una biografía pública poco conocida de la juventud del
elegido, ahora Benedicto XVI. A los 13 años, por
decisión propia se afilia a las juventudes
hitlerianas, hecho irrelevante en su carrera al
purpurado o intrascendente, pero que cobra fuerza a
los efectos de su transfiguración en papa. Sobre todo
si consideramos que tras la decisión de los cónclaves
se expresa el Espíritu Santo. Es decir, su iluminada
fe sabe que un muchacho alemán en pleno Tercer Reich
asume el ideario nazi y más adelante participa de su
organización militar. Hoy, para redimirlo se argumenta
la deserción del mozo en medio de la batalla. Nada nos
dice si tal acto supuso el abandono de la ideología
nazi. Muchos ex militantes del partido nazi, tras la
derrota militar, han mantenido sus convicciones sólo
que no lo publicitan al no ser requisito para
sobrevivir. Recordemos que en Alemania, para cubrir
este pasado ignominioso de muchos cobardes se intenta
justificar la pertenencia a las juventudes hitlerianas
como parte de una imposición del Tercer Reich a la
ciudadanía. Argumento falso. Muchos alemanes se
negaron a serlo y pagaron por ello. Sin embargo, hoy,
tras medio siglo del Holocausto un ex joven nazi es
elegido sucesor de Pedro. Para más INRI ejerció, ya lo
señalamos, durante 25 años vocacionalmente la
inquisición durante el papado de Juan Pablo II. Es
decir, estamos en presencia de un hombre que se labra
su personalidad acorde con sus principios
ideológico-políticos. Es reincidente y se jacta de
ejercer el poder de manera totalitaria y sin espacio
para la crítica, el diálogo o un encuentro con la
tolerancia y la diferencia. Ratzinger aplicó el
principio de la solución final para el discrepante. Se
manifestó abiertamente contra el avance de la ciencia,
la razón humana, el progreso y la teoría de la
evolución. Condenó no sólo a teólogos y teologías de
la liberación humana: ha sido escrupuloso defensor de
una Iglesia cerrada y elitista comprometida con el
poderoso.
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Resulta curioso que creyentes, católicos practicantes,
dirigentes políticos y miembros de la sociedad
comprometidos con la defensa de la democracia y la
dignidad no levanten con mayor fuerza su voz y
reclamen contra semejante ignominia al elegir un nazi
confeso como su pastor. Al menos deberían exigirle
abominación pública del nazismo. De lo contrario la
responsabilidad de los católicos en la absolución del
nuevo papa de su pasado nazi e inquisitorial es tan
importante como la de quienes en el agnosticismo
podemos comprobar que durante 40 años, Ratzinger ha
sido un gran baluarte en la práctica de los métodos de
la contrarreforma. Ahora resulta que haber sido nazi
por convicción es un atenuante en el currículum para
llegar a papa. Antes podía haber cortado la carrera a
la designación, en este momento se soslaya. El
argumento que exime es caricaturesco: todos los
alemanes eran nazis, no menos que todos los italianos
fascistas. Podemos hacer una larga lista inclusiva
donde apelar al "todos son" o "eran" acaba por ser una
gran mentira. Ni todos eran ni todos son. En Chile,
militares se opusieron a la tortura y fueron
asesinados. En Argentina y otros países sucedió algo
similar. Pero existe la vulgarización donde se oculta
la vida ejemplar que rescata la condición humana y
donde se refleja toda la esencia ética de la dignidad.
Es mejor apoyar la cobardía bajo el "todos" eran nazis
y camisas negras. Ni todos fueron ni todos eran. Para
ejemplo: Sócrates y Giordano Bruno. Y muchos que desde
el anonimato defienden la dignidad y la condición
humana. Si no, pregúntenle al EZLN.
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psycho_zero
(AMIGA)