EL MERCADO DEL CHISME
![]()
|
En
los últimos diez años la televisión comercial mexicana, en su intento
por aumentar el número de espectadores, ha tenido que reconstruir
códigos de entretenimiento que incluyen la sobreexplotación de la
frivolidad del mundo de la fama y del espectáculo.
Esta transformación mediática es parte de los cambios globales en materia de comunicaciones y de la fragmentación de medios a partir de la explotación de la era de la información.1 Sin embargo, en la competencia económica la televisión alteró las estructuras tradicionales de los programas para crear mecanismos que le permitan tener mayor número de anunciantes. En la lógica mercantil, la televisión adoptó la glorificación del chisme y la banalidad como el eje transversal de su programación. En México diversos análisis demuestran que el duopolio formado por Televisa y Televisión Azteca, acaparan 95% de las concesiones de señal abierta en el país. A partir de la privatización en 1993 del sistema público Imevisión, la competencia por el nivel de audiencia (rating) orilló a las empresas a reinventar su programación, hasta el punto de legitimar la hiperrealidad televisiva, la "televisión real", la telebasura. Según el Manifiesto contra la Telebasura, publicado a finales de los 90 por organizaciones civiles españolas, el término telebasura se refiere a una forma cultural caracterizada por explotar el morbo, el sensacionalismo y el escándalo como palancas de atracción de la audiencia. La aparición en la televisión mexicana de programas sobre "dramas verdaderos" si bien inició en el mundo de la ficción como fue Mujer casos de la vida real en los 80, pronto integró "casos reales". En los últimos siete años la telebasura ha diversificado estos contenidos: talks shows, reality shows, life shows, competition shows y top shows (ver etcétera, números 16, 17, 35 y 48). La hiperrealidad del cinescopio es la base que sostiene la filosofía comercial de los contenidos (como trataré de demostrarlo): la cultura del espectáculo y los chismes.
El espectáculo como rating En la televisión mexicana actual, la mayoría de los programas que se transmiten por señal abierta a través de Televisa y TV Azteca, siguen los mismos patrones, es decir, se dirigen a los consumidores con idénticas formas simbólicas. Se identifican tres formas de entretenimiento:
a) La cultura del espectáculo: incluyen dramas de ficción o reales, videos musicales, películas y deportes. Fuente de banalidad y chacoteo. Este tipo de programas son de vital importancia para la subsistencia económica del medio, como es el caso de las telenovelas o el Mundial de futbol.
b) Los programas de chismes: apéndices de la cultura del espectáculo, lo conforman el periodismo rosa y sensacionalista, se han convertido en la principal forma de libertad de expresión de las cadenas televisivas por encima de los noticiarios. Ejemplos de estos géneros son Ventaneando y Cotorreando. c) Los programas narcisistas: híbridos del espectáculo y los chismes, pero con una fuerte carga simbólica hacia el culto del cuerpo. Abarcan la estética comercial, las revistas matutinas, los infomerciales, la publicidad de insumos light y cualquier producto cultural con fines egocéntricos. Algunos ejemplos: Hoy, Nuestra casa, Viva la mañana, Con sello de mujer, Tempranito y Venga la alegría. Los mensajes basados en lo superfluo pueden llegar a ordenar la vida de los consumidores al transformar su experiencia diaria en una experiencia ficticia ligada a los valores del espectáculo. Está demostrado que aunque la experiencia real es fundamental, está siendo complementada por una experiencia distante que asume cada vez mayor relevancia en el proceso de formación del "yo".2 Un ejemplo son los fans de artistas, quienes llegan a ordenar su vida a partir de la experiencia mediatizada. Una púber de 11 años imita en el salón de clases la conducta del personaje Barbie de la telenovela Amor en custodia: "Hello, nacos". En su casa se transforma en Mía de Rebelde, "Estoy happy new year".3 Programación chatarra A partir de un análisis sobre los programas producidos actualmente por la televisión comercial abierta, se puede determinar que la columna vertebral tanto de Televisa como de TV Azteca, son el espectáculo y sus derivados: los segmentos de chismes. TV Azteca. En sus señales 13 y 7, la televisora produce actualmente 43 programas, de los cuales 26 pertenecen a la cultura del espectáculo (cuatro de chismes, tres de frivolidades, cinco telenovelas, cuatro reality shows y el resto musicales, concursos y comedias). Lo anterior significa que 61% de la producción es destinada a la cultura del espectáculo, donde el ocio, el morbo, el parloteo y la risa son la fuente de entretenimiento. El espectáculo también invade otros productos televisivos, por ejemplo los cantantes de La Academia han sido convertidos en "hechos" de interés público dentro de los informativos. Otro caso es la imposición estética comercial como ocurre en Deportips, conducido por la escultural Inés Sainz, mientras que en el noticiario Asignación Especial (AE) presentado por Mafe Navia y Gina Arango, se promueve una apología a la violencia siguiendo la tradición de noticiarios sensacionalistas que nacieron en los 90, como Duro y directo, Ciudad desnuda o Metrópolis. La cultura efímera también alcanza las nuevas tecnologías. De la página de Internet de la televisora4 se pueden descargar fondos para pantalla con imágenes de artistas, también se pueden recibir los "chismes más candentes" con sólo enviar un mensaje por teléfono móvil al número 30300. Televisa. La empresa tiene en señal restringida siete canales de cine, dos de telenovelas y cinco musicales, mientras que en abierta opera tres canales. Tomando en cuenta los canales de señal abierta en México, Televisa impone los mismos códigos que su competidora.
En los canales 2, 4, 5 y 9, de 57 producciones analizadas, 72% de los programas pertenecen a la cultura del espectáculo, del narcisismo y del chisme. Destacan diez telenovelas, nueve programas cómicos, ocho producciones deportivas, cinco revistas de vanidad y tres reality shows. El 28% restante de la programación lo abarcan cinco segmentos de opinión que se transmiten de las 11:30 de la noche en adelante, ocho noticiarios y tres espacios sobre temas independientes. Televisa expande su filosofía de entretenimiento a segmentos internos cuya lógica es diferente, basta con recordar la trifulca que protagonizaron el diputado federal Jorge Kahwagi y el luchador Cibernético mientras se grababa el programa cómico Permítame tantito de Canal 4. El pleito se convirtió en la noticia principal de los informativos de la televisora el pasado 26 de abril. También los contenidos banales se expanden y penetran en culturas externas, como la política. Un caso actual es El privilegio de mandar transmitido por Canal 2, donde un grupo de comediantes parodian y se mofan de los representantes del poder público. Las empresas que opera Televisa se subordinan a la lógica del espectáculo. Los contenidos banales se filtran en programas de radio, también en las páginas de Internet del dominio Esmas.com donde los cibernautas pueden comprar tonos para teléfono celular con las canciones de la telenovela Rebelde. La decadencia alcanza las revistas que edita el medio: Eres, Tú, Vanidades, Caras y Maxim. |
|
El mercado del chisme De 100 programas que producen TV Azteca y Televisa, 67 están dedicados a la banalidad. Los números demuestran que el mercado de la superficialidad de contenidos es rentable, como lo es la cultura del chis-me que abarca programas apéndices del espectáculo y que viven de rumores sobre artistas, cantantes, deportistas, conductores, modelos, diseñadores, políticos, amigos y familiares de los anteriores, así como cualquier persona que tengan relación con el mundo de la fama. Los programas de chismes operan violando la vida íntima y convirtiendo lo cotidiano en algo sensacionalista, donde la existencia depende de ser visto y grabado en video.5 Aunque el origen del chisme mediático se remonta a los albores de la radio y el cine, su explotación comercial ha encontrado refugio en la televisión. En TV Azteca, la conductora Patricia Chapoy es la operadora principal de este tipo de programas. La empresa del Ajusco transmite cuatro producciones: Ventaneando, Historias engarzadas, Los 25 más y La historia detrás del mito. Por su parte Televisa, en la última década, se ha transformado para incrementar sus beneficios pu-blicitarios a través de la difusión de chismes. Realizó programas como La botana, Trapitos al sol, De boca en boca, y Hacer y deshacer. Actualmente mantiene en señal abierta tres producciones propias, La oreja, Con todo y Ellas con las estrellas.
En la última década gracias al duopolio televisivo las audiencias han sido informadas sobre la maldad del clan Trevi-Andrade, la soberbia de Raúl Velasco, el divorcio de Tatiana, la muerte de Mariana Levy, la bomba de vacío de Andrés García, la pelea por la herencia de Cantinflas, el homicidio de Paco Stanley, los amores secretos de Irma Serrano, el pleito Niurka-Juan Osorio, la mente suicida de Carmen Campuzano, el tumor cerebral de Lola la Trailera, la bulimia de María Conchita Alonso, el cuerpo descuartizado de Pedro Infante, las mamás famosas del espectáculo y la liposucción de Lucha Villa, entre otras pseudonoticias. Mediante el chisme lo privado se ha convertido en asunto público: las cenizas de Rocío Durcal, las enfermedades de Cepillín, las acusaciones entre la Chilindrina y Chespirito, la desaparición de la mamá de Luis Miguel, el divorcio de Alicia Villarreal, los implantes de Sabrina, la caída de Juan Gabriel, el embarazo de Ana Bárbara, la inestabilidad emocional de Cuauhtémoc Blanco, la bronca entre Anel y José José, la prepotencia del guarura de Lucero y el secuestro de las hermanas de Thalia. Una constante de estos programas es convertir los hechos en escándalos:6 acciones o acontecimientos que implican ciertos tipos de transgresión, que son puestos en conocimiento de terceros y que resultan lo suficientemente serios para provocar una respuesta pública. La televisión comercial le apuesta a esta lógica, legitimar el chisme como valor de consumo mediático, afectando las esferas sociales al invadir la vida privada, y al mismo tiempo expandir su poder sobre la opinión pública a través de una cultura frívola y sensacionalista dentro de un mercado marginal de contenidos. 1 Manuel Castells, La era de la información, vol. I, Siglo XXI, 2002, p. 27. 2 John B. Thompson, Los media y la modernidad, Paidós, 1998, pp. 293-301. 3 El caso fue tomado de una observación participante realizada en marzo de 2006 a un grupo de adolescentes de varias escuelas de secundaria en el municipio de Miguel Auza, Zacatecas. El trabajo lo realizaron profesores que cursan la maestría en Comunicación en la Universidad Autónoma de Durango, Campus Zacatecas. 4 Un análisis empírico de los contenidos de la página Web de TV Azteca y Televisa, demuestra que la televisión adopta la tecnología para desdoblar los mismos contenidos que ofrece en pantalla (Contreras, 2006). Cfr. www.tvazteca.com y www.esmas.com/televisahome/v2home/ 5 John Langer, La televisión sensacionalista, Paidós, Barcelona, 2000, p. 231. 6 John B. Thompson, Politic Scandal, Cambridge, Polity Press, 2000, p. 32. Sergio
Octavio Contreras |
DonGabo